miércoles, 17 de junio de 2009

ESTUDIO COMPARATIVO SOBRE EL CONCEPTO DE “INSPIRACIÓN” EN LOS TEXTOS DE E. G. W., Y SU EVOLUCIÓN A LO LARGO DE LA HISTORIA

A través de las sociedades, y con el paso de los años, muchos textos literarios han sido puestos en duda debido a su contenido: unos han sido rechazados por algunos, mientras otros han sido aceptados como norma de pensamiento y acción.

“Ningún libro ha sido tan amado, tan odiado, tan reverenciado, tan condenado como la Biblia. Hay quienes han sufrido la muerte por su causa. Otros se han convertido en asesinos creyendo así honrarla. Otros han sido asesinados por ella. Ha inspirado los hechos más nobles y más grandes del hombre, y ha sido culpada por sus hechos más condenables y degenerados. Se han levantado guerras sobre la Biblia, revoluciones han sido alimentadas en sus páginas, y reinos han caído por sus ideas. Personas de diversos puntos de vista: desde teólogos de la liberación hasta capitalistas; de fascistas a marxistas, de dictadores a libertadores, de pacificadores a militaristas, buscan en sus páginas las palabras con las cuales justificar sus acciones.”[1]

Ante este panorama, muchos son arrastrados a plantearse, de manera ineludible, si la Biblia puede ser considerada infalible, utilizada como norma de conducta, y si su origen es divino. Tales cuestionamientos son abordados de diferentes maneras por diversos autores. Entre los más prolíficos autores que tratan estas cuestiones cabe mencionar a Elena G. De White, quien en algunos libros de su autoría menciona cómo funciona el proceso de inspiración divina. Y es de esta autora de quien se han extraído algunos conceptos y planteamientos relacionados con la inspiración, considerando algunos autores más.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, define inspiración como “Ilustración o movimiento sobrenatural que Dios comunica a la criatura. Efecto de sentir el escritor, el orador o el artista el singular y eficaz estímulo que le hace producir espontáneamente y como sin esfuerzo”[2]. Esta definición establece que la inspiración, en cierto sentido, es un proceso espontáneo. La Biblia señala que “Toda la Escritura es inspirada por Dios”[3]. Así, se debe considerar a la Biblia como Palabra de Dios dada a los hombres para la instrucción de éstos.

La carta a los Hebreos también esclarece la manera en la que Dios se comunica con su pueblo: “Dios, habiendo hablado muchas veces, y de muchas maneras en otro tiempo a nuestros padres por los profetas”[4]. Dios no se comunica con su pueblo de una manera directa, sino que lo hace usando ciertas personas que sirvan a su propósito.

Dios se comunicó en repetidas ocasiones con su pueblo, de distintos modos “Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras: si tuviereis profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él”[5]. Por medio de sueños y de visiones Dios se comunicaba con los profetas, y eran éstos quienes comunicaban la voluntad de Dios al pueblo de Israel. Ahora, ¿hace cuánto que se escribió la Biblia? Elena de White escribió:

Durante los primeros 2500 años de la historia humana no hubo revelación escrita. Los que habían sido enseñados por Dios comunicaban sus conocimientos a otros, y así esos conocimientos eran legados de padres a hijos a través de las generaciones sucesivas. La redacción de la palabra escrita comenzó en tiempos de Moisés. Entonces las revelaciones inspiradas fueron compiladas en un libro inspirado. Esa labor continuó durante el largo período de 1600 años: desde Moisés, el historiador de la creación y el legislador, hasta Juan, el registrador de las verdades más sublimes del Evangelio.[6]

Fue necesario un período de 1600 años para que la Biblia terminara de escribirse. Para la realización de tan monumental tarea intervinieron aproximadamente 40 autores diferentes[7]. El proceso de inspiración jugó un papel preponderante en el recopilado de la información, ya que si bien Dios inspiraba a quienes escribirían, no lo hizo de una manera consecutiva.

Las Escrituras fueron dadas a loa hombres, no en una cadena continua de declaraciones ininterrumpidas, sino parte tras parte a través de generaciones sucesivas, a medida que Dios, en su Providencia, veía una oportunidad adecuada para impresionar a los hombres en varios tiempos y en diversos lugares. Los hombres escribieron a medida que fueron movidos por el Espíritu Santo.[8]

Ahora, para comprender mejor lo que conlleva el proceso de inspiración, debemos considerar lo que la Biblia menciona acerca de la manera en que Dios se relaciona con su pueblo. La epístola a los Hebreos menciona que Dios habla con sus profetas en visiones, y a través de sueños, cosa que deja en claro que Dios ‘muestra’ su Voluntad a sus siervos. Pero con respecto de la forma en que fue plasmado lo que Dios les reveló, encontramos algunas corrientes de pensamiento:

Primero, se encuentran los que consideran que Dios muestra ‘flashes’ de situaciones o acontecimientos pasados, por suceder, o que tienen cierto simbolismo un tanto complicado. Esta postura es defendida por los padres Apostólicos, alrededor del siglo II d. C. También se puede citar a los que argumentan que el profeta era un instrumento pasivo en el proceso de inspiración, y que sostienen que sólo Dios es activo en una situación semejante. Esta manera de pensar fue sostenida por los padres Apologistas, en el siglo IV d. C.

Por último, se encuentran los padres de los siglos posteriores, quienes establecían que Dios ‘dictaba’ a los profetas lo que deseaba comunicar, y que se desarrollaron en el siglo XVI. Aunque son respetables tales puntos de vista, la Biblia presenta diversas maneras en que fue condensada en palabras lo que Dios transmitía a su pueblo: por ejemplo, “Porque el mismo David, movido por el Espíritu Santo (…)”[9], “Porque ninguna profecía vino jamás por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron inspirados por el Espíritu Santo”[10].

La palabra usada para explicar el término inspiración, en el texto de 2 Pedro 1: 21 es Feromenoi, que alude al término “soplado por el viento”, que en el contexto judío tiene que ver con el movimiento que del barco hace el viento, a causa de la forma geográfica del mar de Galilea, ya que cuando el viento sopla, sólo tiene una salida[11], por lo que cuando una embarcación se encontraba en medio de una tempestad o una ventisca, padecía de una terrible turbulencia.

Dentro de estas corrientes de pensamiento, se vislumbran dos ejes centrales, que tienden a modificar la forma en que se debiera comprender lo relacionado con la inspiración. Tales ejes son: Dios, y el hombre. Dentro de la corriente de pensamiento en donde Dios actúa como eje, se enumeran las siguientes características: el fundamentalismo, su tendencia radical. También se puede considerar lo que es denominado como “Inspiración verbal plenaria”, y esta postura establece que todo, incluyendo las comas, puntos y palabras, es inspirado[12]. Además, se encuentran los que consideran otra postura menos radical, llamada “dictado verbal”, que supone que Dios se hizo de secretarios particulares, que entendían el mensaje que se les dictaba, pero que lo transcribían con sus propias palabras[13].

Con respecto de la teología en donde el proceso de inspiración está centrado en el hombre, se localiza el denominado “liberalismo teológico”, que es contrario al fundamentalista, y que argumenta que si bien Dios reveló cosas a sus siervos, éstos desempeñaron un papel más activo, que el simple hecho de transcribir la voluntad de Dios. También se encuentran los que argumentan que algunas personas con cualidades especiales escribieron la Biblia, y que Dios les ayudaba, para que no erraran en sus definiciones, o escritura[14].

La veracidad de la inspiración de la Biblia debe ser considerada de manera categórica, ya que muchos dudan de partes de ésta, o sostienen que algunos datos son útiles, mientras que otros son irrelevantes. A estas personas, Elena de White les declaró:

“Tanto en el tabernáculo (de Battle Creek) como en el colegio se ha enseñado el tema de inspiración, y hombres finitos se han sentido llamados a decir que algunas cosas de las escrituras fueron inspiradas y otras no. (…) Cuando los hombres se atreven a criticar la palabra de Dios, se aventuran en un terreno sagrado y santo. Sería mejor que temieran y temblaran y ocultaran su sabiduría como necedad. Dios no ha puesto a alguien para que pronuncie juicio sobre su palabra, eligiendo algunas cosas como inspiradas y desacreditando a otras como no inspiradas. Los testimonios han sido tratados de la misma forma pero Dios no está en eso”[15].

No puede etiquetarse a la Biblia como una obra parcialmente inspirada, ya que o es completamente inspirada, o no lo es. Y el tratar al texto bíblico como cualquier otra obra humana, es menospreciar lo que Dios se ha dignado a compartirnos. Si bien el contenido de la Biblia es de origen divino, también se debe tener en cuenta que quienes escribieron esa comunicación divina eran seres humanos, y que por tal motivo pudieron haber enfrentado problemas de redacción, mas no de comprensión.

“Dios se ha dignado comunicar su verdad al mundo por medio de instrumentos humanos y, él mismo, mediante su Santo Espíritu, hizo idóneos a los hombres y los habilitó para realizar esa obra”[16]. La declaración antes citada establece lo que es en sí el proceso de inspiración: una manera en la que Dios se sirve de personas comunes, para la realización de tareas especiales, a las cuales Él mismo capacitó para que pudieran desempeñarse de la mejor manera.

“La Biblia está escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores”[17].

Elena White deja esclarecido de una vez por todas, en este párrafo, lo que la inspiración es: una manera en la que Dios se comparte verdades a su pueblo, a través de seres humanos que pueden llegar a errar, y que en cierta medida, limitan el conocimiento de Dios a su propia comprensión de lo que Dios les ha comunicado. Pero tales posibles limitaciones, no interfieren con el mensaje que Dios desea revelar a su pueblo, ya que es Dios mismo quien cuida su mensaje, permitiendo que perdure, y que haga la mayor suma de bien para quienes lo lean, de tal forma que puedan conocer a ese Dios amante, todopoderoso, pero tan cercano, que se digna en regalar parte de su sabiduría para otorgarnos salvación.



[1] Asociación Ministerial de los Adventistas del Séptimo Día. Creencias de los Adventistas del Séptimo Día. (Buenos Aires: ACES, 2007), 11.

[2] Ver Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Disponible en http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=inspiración Consultado el 16 de junio de 2009.

[3] 2 Tim. 3: 16.

[4] Hebreos 1: 1

[5] Números 12: 6

[6] Elena G. de White. El conflicto de los siglos. (Buenos Aires: ACES, 2007), 7.

[7] Victor Armenteros. Apuntes de Clase. Fuentes Bíblicas. Libertador San Martín: Universidad Adventista del Plata, Facultad de Teología. 2009.

[8] Elena G. de White. Mensajes Selectos. 3 vols. (Mountain View: Pacific Press Publishing Association, 1967), 1: 22.

[9] Marcos 12: 36

[10] 2 Pedro 1: 21

[11] Victor Armenteros. Apuntes de Clase. Fuentes Bíblicas. Libertador San Martín: Universidad Adventista del Plata, Facultad de Teología. 2009.

[12] Victor Armenteros. Apuntes de Clase. Fuentes Bíblicas. Libertador San Martín: Universidad Adventista del Plata, Facultad de Teología. 2009.

[13] Ibíd.

[14] Ibíd.

[15] Elena G. de White, Mensajes Selectos, 3 vols.(Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1967), 1: 22.

[16] Elena G. de White, El conflicto de los siglos, (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), 7

[17] Elena G. de White, Mensajes Selectos, 3 vols.(Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1967), 1: 24

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